La ansiedad no está en tu mente (Transcript)
¿Alguna vez te ha pasado que alguien te dice en medio de un ataque de ansiedad, un ataque de pánico o un momento de mucho estrés: "Cálmate, relájate, respira profundo, tienes que calmarte"?
Obviamente no puedes. Y no solo no puedes, sino que te enojas, te frustras, te dan ganas de aumentar el grito o de desquitarte con la persona.
Tu cuerpo tiene razón. Se te atora la garganta, se te aprieta el pecho, te sudan las manos. Por más que tu mente trata de decir "me quiero calmar", tu cuerpo no reacciona. No puede.
No trates de quitar esto. No trates de calmarlo. Lo peor que puedes hacer en ese momento es reprimirlo, tragártelo o no sentirlo.
Lo que te voy a enseñar va en contra del sentido común y de mucho de lo que enseña la psicología o la ciencia hoy en día, que es tratar de usar la mente para controlar el cuerpo y las emociones. Es esa idea un poco mal entendida del estoicismo: "no sientas emociones, sé frío". Esto no tiene nada que ver.
Justo el cuerpo tiene una gran sabiduría que haríamos bien en aprender a escuchar.
Entonces, en lugar de minimizar la ansiedad, lo que tratamos es de relajarnos en ella y dejarla salir. Dejarnos sentirla. De hecho, la estamos aumentando; estamos dejando que aumente en nosotros.
Suena raro, ¿verdad? Suena peligroso. Pero piénsalo así: la ansiedad no es una enfermedad. Es una carga dentro de tu cuerpo. Es un aviso de que algo está pasando, que hay una emoción ahí que no estás sintiendo. Es una amenaza no identificada.
Es una energía biológica, una energía emocional, una energía de vitalidad que no tiene nada de malo. El cuerpo es puro en sí mismo. La ansiedad y la emoción que está debajo están tratando de ser expresadas, de ser aceptadas y de poder salir.
El problema de la coraza
El problema es que tenemos una coraza de tensión muscular crónica. Todos la tenemos, crecimos con ella, es parte de nosotros. Y esa coraza nos impide expresar y sentir emociones al 100%.
Cuando intentamos calmarnos en un estado de ansiedad, estamos poniéndole más cerrojos a la puerta. De hecho, estamos suprimiendo y reprimiendo más y más la emoción, diciéndole a nuestro cuerpo: "Eso que estás sintiendo no está bien, no lo sientas".
Esto puede generar después procesos psicosomáticos, tics, problemas de pensamientos rumiantes, depresión, adicciones… Un montón de problemas que luego, cuando nos pasan, decimos "¿Por qué me pasó? No sé ni qué hice". Y viene de todas las veces que no permitimos tener una expresión emocional sana.
¿Cómo se sana esto?
Te voy a dar un principio radical que, de hecho, es muy clásico en la psicología: La única manera de pasar por algo es atravesándolo. (Esta es una cita parafraseada de Frederick Perls, el padre de la terapia Gestalt).
Entonces, no apagues el fuego. Avívalo. Deja que la emoción crezca y se haga más grande.
Sí, es contraintuitivo, da miedo, no queremos hacerlo y, si queremos, luego no sabemos cómo. Hoy vamos a dejar de huir.
Te voy a enseñar por qué la ansiedad vive atrapada en el cuerpo, sobre todo en el área de la pelvis, y qué tiene que ver eso con la sexualidad o con la dificultad para expresar una sexualidad sana a nivel social y cultural. Veremos cómo liberarla, no solo para sentirte con menos carga emocional, sino para tener una sexualidad y una vitalidad mucho más sanas.
Te voy a enseñar prácticas de bioenergética para activarla, atravesarla y, al final, integrarla.
Parte 1: Entendiendo la biología de la ansiedad
Hablemos claro: la ansiedad que sientes no es un pensamiento, no es una creencia. Está ahí, la estás sintiendo en el cuerpo emocionalmente. No pensamos en la ansiedad; sentimos la ansiedad. Es un nudo en el estómago, taquicardia, sudor en las manos, tensión en la mandíbula. Es algo que está sucediendo en el cuerpo.
Entonces, ¿por qué tratamos en nuestra cultura de arreglar esto con la mente? El cerebro racional no controla al cerebro emocional, al cerebro animal.
El origen de esto podríamos decir que está en la pelvis. Desde la visión de la psicoterapia corporal, la pelvis es nuestro principal centro de energía, nuestro principal centro de carga. Ahí reside no solo la sexualidad, sino también parte de nuestra vitalidad y de nuestra energía de lucha, de sobrevivencia, que debe aprender a salir de una manera sana.
Digamos que la pelvis es como una batería. Y vivimos en una sociedad en donde se nos obliga a apretarla emocionalmente, a cerrarla, a no mirarla, a decir que es mala o a no enseñarla. ¿Cuándo fue la última vez que enseñaste tus genitales en público? Como parte del cuerpo no tiene nada de diferente que una oreja, en realidad.
Entonces, imagínate todas las emociones que están ahí guardadas y cómo eso nos transforma en una especie de olla exprés de ansiedad y de emocionalidad.
La próxima vez que te preguntes "¿por qué tengo ansiedad?", bueno, tal vez es porque nunca has podido realmente expresar tus emociones de una manera abierta y sana. Tu fuego, tu deseo, tu sexualidad, tu vitalidad tienen que aprender a salir.
Lo que vamos a hacer es, en vez de calmarnos, vamos a aprender a destapar la olla y a dejar que se desborde lo de adentro con emoción. Sin miedo al llanto, sin miedo a la tristeza, sin miedo a la furia, sin miedo al enojo.
Obviamente, lo vamos a hacer en un ambiente tranquilo y seguro: en tu cuarto, en tu casa, donde tengas cuidado de que no pase nada.
La Práctica: El "Sándwich Bioenergético"
Vamos a utilizar la respiración de vientre y la respiración pélvica.
Respiración de Vientre (Calma): Es súper importante porque es la que nos ayuda a regularnos cuando no estamos en un estado de ansiedad. Activa el reflejo de relajación y la homeostasis para disminuir cortisol y adrenalina, aumentando neurotransmisores como GABA y serotonina.
Respiración Pélvica (Activación): Para activar toda esta energía en la pelvis.
Respiración de Vientre (Integración): Cerramos otra vez con respiración de vientre, haciendo una especie de "sándwich" para regular, controlar y contener de una manera positiva el movimiento energético y emocional.
Fase 1: Arraigar con Regulación (Vientre)
Lo primero que quieres hacer es acostarte boca arriba en un lugar cómodo, tranquilo y silencioso. Usa ropa que no te apriete.
Coloca una mano en tu pecho y la otra mano en tu vientre (o las dos en tu vientre).
Respira por la nariz lentamente, inhalando y exhalando por la nariz.
Pro tip: Pega la punta de la lengua en el paladar.
Solo respira así un ratito. Quieres sentir cómo el vientre se infla y se desinfla. Observa que estás respirando como un mamífero cuando duerme profundo: se mueve la panza y no el pecho.
Al inhalar, empujamos el ombligo hacia el techo. Si sientes que no te sale bien, puedes poner tu mano sobre el ombligo y al inhalar empujar tu palma hacia afuera. Al exhalar, deja que el ombligo caiga en su lugar hacia la columna.
Sostén esta respiración por 10 o 20 veces (alrededor de un minuto y medio). Esto es para asegurarnos que empezamos la práctica desde un espacio regulado.
(Pausa el video, haz esto un minuto y medio y regresas).
Fase 2: La Bomba Pélvica (Sobrecarga)
Ya que estás acá, baja tus manos a los costados. Junta o separa los talones tanto como necesites.
El Movimiento: Al inhalar, vas a llevar el sacro y el coxis hacia la tierra, creando un pequeño arco en la espalda baja. Al exhalar, vas a empujar la pelvis hacia arriba, haciendo una postura como del puente. Levanta más, más, más.
La Respiración: Inhala por la nariz al bajar y arquear. Exhala por la boca al subir. Abre bien la boca, relajando la quijada.
El Sonido: Al exhalar, saca un sonido. Puede ser la vocal "Ah". Trata de que sea bien audible.
Mantén los ojos abiertos todo el tiempo. Hazlo unas 10 veces a tu ritmo natural.
La velocidad puede empezar a variar. La instrucción aquí es sentir tu cuerpo y dejar que él te guíe. Si sientes las manos dormidas, frías o con cosquilleo, es normal, estás hiperventilando un poquito. Si te dan ganas de estirarte, girarte o mover la quijada, hazlo.
Aumentando la intensidad: Cambia la velocidad y hazlo un poquito más rápido, sin hacer tan marcadas las pausas abajo y arriba. Que sea una respiración circular. Inhala, exhala, inhala, exhala. Queremos activar la bomba pélvica y empezar a calentar el cuerpo.
Vas a notar que vienen emociones, sensaciones, pensamientos. Permítelo. Relájate en eso. Si no sabes qué ritmo llevar, prueba variar: más rápido, más lento.
Observa si hay tensión en alguna parte, por ejemplo en las manos. Si es así, aprieta los puños, exagera el movimiento.
Si te dan ganas de llorar, llora.
Si te dan ganas de reír, ríe.
Si te dan ganas de gritar, grita.
Si te dan ganas de golpear, ten cuidado: ponte cojines abajo y golpea con la parte baja del puño (como un martillo). Si quieres patear, usa un cojín. Cuida tu entorno, quítate relojes o pulseras. Sincroniza el golpe con el sonido: "¡Ah!".
(Continúa este movimiento uno o dos minutos más. Pausa el video y regresa cuando hayas terminado).
Variante Profunda: Hay un nivel un poquito más profundo. Llevas ligeramente la mirada y la cabeza hacia atrás, abres la boca y con los ojos así haces la misma respiración pélvica. Esto te conecta con otro tipo de emociones.
Fase 3: Integrar y Calma Real (Vientre)
Ve parando el movimiento poco a poco. Relaja la pelvis y regresa a la respiración de vientre natural.
Lleva las manos al vientre.
Inhala llevando el vientre para arriba y exhala relajando.
Aquí es rico hacer un sonido con la letra "M" (como cuando comes algo rico): "Mmmm".
Es normal que el cuerpo se enfríe un poquito, puedes taparte con una cobija. Asegúrate de que todo tu cuerpo se sienta relajado.
Observa si hay puntos de tensión. A veces queda tensión en la quijada o el cuello. Si hubo mucha catarsis, te pueden doler las nalgas o los hombros (es dolor de trabajo muscular, está bien). Si hay tensión emocional, lleva tu atención a esa zona y deja que aparezcan imágenes o sensaciones. Estamos trayendo de nuevo al sistema a un estado de regulación.
¿Qué esperar al terminar?
Lo ideal después de esto es dormir una siesta. Tu inconsciente es quien mejor puede procesar todo tu contenido emocional, mejor que tu mente intelectual. Si no puedes dormir ahora, no te preocupes; en la noche vas a soñar y esto va a suceder.
Al hacer este trabajo, es bueno estar alerta y atento a las emociones o sensaciones que pueden surgir en cualquier momento del día.
Conclusión
Lo que acabamos de hacer es la punta del iceberg. Tocamos el caos, aprendimos a hacer la respiración, pero apenas estamos rasguñando la superficie.
Se requiere constancia. Un día, y otro, y otro.
Esto es lo que haremos en La Flor del Aliento (que iniciamos el 18 de enero). Lo que te ofrezco es que aprendas a sentir tus emociones al máximo. Si estás listo o lista para vivir en serio, con más gozo, más placer, más fuerza y más valentía, te veo ahí.
El link está por aquí o en mis redes sociales.
Nos vemos.